viernes, 27 de marzo de 2009

El caballero de carisma exangüe y la bella Lamia

Verdaderamente el tema no me deja indiferente: No, no voy a explicar yo quién es y que ha representado para nosotros Felipe González. No eramos entonces más que universitarios, para todos sin embargo, el aspecto más destacado de su persona, era su carisma (1) El carisma personal y su capacidad para conectar en la esfera pública.

Tendentes todos a la mitomanía, dada la relevancia del personaje en el mediático papel que jugó en el periodo de la historia de España que comprenden las eleciones de 1982 hasta las de 1996, el pasado 6 de Diciembre de 2008 seguimos atentamente la retransmisión que por TV se hizo del trigésimo aniversario de la Carta Magna; estaban todos: Manuel Fraga, Miguel Herrero de Miñón, Gregorio Peces-Barba, Alfonso Gerra, Marcelino Camacho...Todos menos Felipe! (Nicolás Redondo, su valedor en Suresnes, tampoco, pero eso es otro tema, ni Suarez, por encontrarse tan enfermo). Es un aspecto que hasta hoy no he visto comentar...o al que no se le ha dado ninguna interpretación pública; y voy al grano... ( y para ello tomo prestados unos oportunos pasajes que vienen al pelo, “Símbolos de lo Bueno”. José Biedma López, 2003)

(...) De la divinización del genio no puede esperarse gran cosa. El carisma puede resultar sin gracia alguna. Lo confirma la psicología positiva, ensayada en la actualidad por un tal Martín E. P. Seligman ("positiva" por constructiva, no por positivista): el máximo de dicha, de gracia, está en lograr una "vida con sentido" que consiste en "poner tus virtudes al servicio de una causa que sientas más grande que tú". La gracia está en jugarse la vida con gracia. De la divinización de los egos no podemos esperar más que un universo social de espíritus paralíticos.

Ese abismo esteticista o narcisista que nos seduce y nos traga se ha simbolizado en el arquetipo de la Mujer Fatal en todas las épocas y en diversas culturas: Lilith, Gorgona, Escila, Esfinge, Salomé, las Sirenas, las Arpías, las grandes cortesanas, las reinas lujuriosas, las famosas pecadoras, que seducirán a los románticos bajo el influjo de la leyenda vampírica. Es, en fin, «la belle dame sans merci» (2): el ídolo de la Hermosura, convertida en bestia cruel o en Circe que devuelve a los humanos a su condición bestial. El "arte por el arte", el "arte" como pretexto o artificio para un regreso gozoso al fondo sin forma, satisface esa "ansia de lodo" a que aspiran los esteticismos decadentes. Cansados de pujar, esforzarse, ascender, en pos de lo divino; se vuelven hacia los orígenes, hacia el fango, hacia la madre material de la que procedemos... hay sin duda una belleza declinante en la destrucción, en ese regreso del homo al humus, en el atardecer del día, en el caer de las hojas y el general olor otoñal de la prodredumbre (...)

El inquietante poema de Lamia

(2) Triste era también la historia de Lamia, la “belle dame sans merci”, condenada a vivir sola, vagabundeando entre vegetales y animales, como castigo por su codiciada belleza. Por eso atraía a los caballeros, a los hombres, sedienta de compañía, de caricias, de besos… de amor. Lo que ellos no sabían era que Lamia no sólo los saborearía, sino que también los absorbería, bebería su esencia, consumiría sus fuerzas, y devoraría sus corazones. (De 'La ramita de colibrí')

'La Belle Dame sans Merçi' es un poema de W. B. Yeats, escrito en 1819. Existen dos versiones del mismo, aunque las diferencias entre ambas son mínimas. Como curiosidad, decir que el título pertenece a un poema del siglo XV de Alain Chartier. Son doce estrofas de cuatro versos con rima ABCB.

El poema describe el encuentro entre un caballero sin nombre y un hada misteriosa. Se abre con una descripción del caballero ( 'ojeroso' y 'desconsolado') en un paisaje estéril (como el nuestro en España). Él cuenta al lector cómo encontró a una hermosa señora cuyos 'ojos eran salvajes'; la subió a lomos de su caballo y marcharon juntos a una gruta fabulosa, donde hicieron el amor. Mientras duerme, el caballero tiene una visión en la que 'pálidos reyes y príncipes' le advierten de que la 'La Belle Dame sans Merçi hath thee in thrall!'.

Aunque se trata de un poema corto, a lo largo del tiempo ha llamado la atención por los enigmas que plantea. El caballero se asocia a imágenes de muerte, como por ejemplo un lirio, símbolo de la muerte en Occidente, así como los términos 'palidez', se marchita', etc., que pueden dar a entender que se encuentra muerto en la historia. O como el hongo se fija en la madera muerta; Él es claramente condenado a permanecer sobre la ladera, pero la causa de este destino es desconocida.

Fue un tema de inspiración muy recurrente entre los prerrafaelitas del siglo XIX. Destacan los cuadros de Frank Dicksee, Frank Cadogan Cowper, John William Waterhouse, Arthur Hughes, Walter Crane y Henry Maynell Rheam, entre otros.

Notas:

Notas: RAE
(1) Carisma. (Del lat. charisma, y este del gr. χάρισμα, de χαρίζεσθαι, agradar, hacer favores).
1. m. Especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar.
2. m. Rel. Don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad.
http://www.franciscanos.org/temas/iriarte0i.htm

El Carisma en la Analecta Franciscana: "Chronica XXIV generalium" ("Analecta Franciscana", III, Quaracchi, 1897, 460), que fue compilada en gran parte antes de 1369 y completada en 1374. Hacia 1335 el "Catalogus sanctorum Fratrum Minorum" (en "Speculum Vitae beati Francisci et Sociorum eius", Venecia,1504, f.200 r; cf. la reimpresión separada del "Catalogus" por Lemmens, Roma, 1903,9) utiliza palabras de alabanza más enfáticas incluso. Algunos detalles adicionales sobre Jacopone se dan por Bartolomé de Pisa en 1385 ["Liber conformitatum"(ed. Milán, 1510), fructus VIII, pars ii, f.60 v a hasta f. 61 v a; cf. "Analecta Franciscana", IV (Quaracchi,1906), 235-40].

1 comentario:

  1. La republica Romana, una vez conquistada Grecia, se encandila en su contacto con la esencia del Ser y hace piruetas con la filosofía hasta que Cesar, consciente de que el imperio es ingobernable desde el discurso de un senado saturado de plebeyos consigue la caída de la Republica. Después de su muerte, sus seguidores decapitan a Cicerón y se reestablece el imperio con el joven Octavio-Augusto en el poder, hábil y capaz de encausar la difícil tarea que su tío le había endosado.

    No todos los gobernantes que heredaron la misión de Augusto lo hicieron tan bien como él y con el paso del tiempo, Los Otros, no romanos, inician una invasión paulatina y constante muy semejante a la que ahora contemplamos en el mundo occidental.
    Aprovechando el relajamiento de la aristocracia romana, su bajo nivel de natalidad,y al cansancio natural de un pueblo agotado y sin vitalidad, godos y cristianos penetran desde el norte y salen de las catacumbas para conseguir el poder y establecer un nuevo imperio teísta.

    Este aspecto de la historia romana es aleccionador ya que de él se puede deducir que los pueblos que permiten la intrusión son pueblos en estado decadente, que como organismos faltos de vitalidad y desgastados, toleran la agresión de elementos perniciosos y consecuentemente perecen o son suplantados por los invasores.

    Es curioso que no se haya reflexionado anteriormente sobre este elemento de autodestrucción contemplado someramente por Syndsey Stonebridge en sus estudios de psicología ya que cuando Lamarck estipula de forma exclusiva que los condicionantes externos son la causa de la decadencia o evolución de las especies y Darwin parte simplemente de la lucha por la supervivencia entre ellas, ningún pensador, hasta ahora, que yo sepa, ha considerado que lo mas importante para la supervivencia es la voluntad de vivir, su vitalidad y que cuando esta desaparece la sociedad se inmola.
    (...)

    Salvador Camacho Bracero
    Extractado de "Naturaleza y Ser"

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